Relación cliente – agencia

Cuando los clientes y las agencias piensan en el desarrollo del liderazgo suelen hacerlo acerca de sus propios individuos, equipos y procesos. Entienden la importancia de mantenerse líderes, atrayendo y manteniendo el talento y asegurándose de que todo funciona de forma efectiva. Pero no hay que olvidar que un área de innovación, a menudo pasada por encima, es el liderazgo, y no el servicio, en la relación cliente – agencia. Y existen algunas técnicas para fomentar y mejorar esta relación cliente – agencia para que ambas partes se entiendan y puedan crear una estrategia de trabajo más profunda y fructífera.

Auto-análisis: algunos empleados son mejores trabajando en grupo que otros, por lo que vale la pena dedicar tiempo a entender como equipo qué está funcionando y qué no. Es útil para ello utilizar herramientas como SDI, que permite hacer un mapa de las formas en que los individuos de las agencias y los clientes pueden trabajar mejor en conjunto, centrándose en las fortalezas, las debilidades y, por último, evitando los malentendidos que pueden generar un conflicto.

Creer en uno mismo: si el director de una agencia no cree que su empresa es capaz de ofrecer lo mejor, no puede esperar que el cliente lo crea. Hay que amar lo que hacemos si queremos que la gente también lo haga. Y lo mismo se puede aplicar a los clientes.

Inteligencia emocional: en lugar de que las agencias y los clientes se centren en lo que cada uno hace, tienen que poner dedicación en la relación cliente – agencia. Esto exige ser abiertos y auténticos para hacer que se trabaje más como un equipo y con todos aportando a la visión general. Al mismo tiempo, hay que trabajar para gestionar el estado emocional de la relación cliente – agencia, entendiendo rápidamente cuándo uno de los dos está molesto o incómodo y buscando una solución, no dejándolo apartado.

Profundizar: hay técnicas que pueden ayudar a influir sobre los compañeros apelando a sus creencias y valores en un nivel del inconsciente más profundo, en lugar de quedarse en la superficie consciente en la que se suele operar.

Expectativas de gestión: hay que ser honesto. La agencia no puede hacer promesas por encima de sus posibilidades para después entregar un trabajo por debajo de lo que se espera. A veces puede dar miedo decir que no a un cliente, especialmente en un sector en el que el cliente siempre es el rey. Pero se puede decir que sí siempre que se busquen recursos y elementos que ayuden a hacer mejor el trabajo. Al mismo tiempo, los clientes deben esforzarse en dejar de hacer peticiones irreales a no ser que sea absolutamente necesario.

MANDOOCuando los clientes y las agencias piensan en el desarrollo del liderazgo suelen hacerlo acerca de sus propios individuos, equipos y procesos. Entienden la importancia de mantenerse líderes, atrayendo y manteniendo el talento y asegurándose de que todo funciona de forma efectiva. Pero no hay que olvidar que un área de innovación, a menudo pasada por encima, es el liderazgo, y no el servicio, en la relación cliente-agencia. Y existen algunas técnicas para fomentar y mejorar esta relación para que ambas partes se entiendan y puedan crear una estrategia de trabajo más profunda y fructífera.

 

 

 

Auto-análisis: algunos empleados son mejores trabajando en grupo que otros, por lo que vale la pena dedicar tiempo a entender como equipo qué está funcionando y qué no. Es útil para ello utilizar herramientas como SDI, que permite hacer un mapa de las formas en que los individuos de las agencias y los clientes pueden trabajar mejor en conjunto, centrándose en las fortalezas, las debilidades y, por último, evitando los malentendidos que pueden generar un conflicto.

Creer en uno mismo: si el director de una agencia no cree que su empresa es capaz de ofrecer lo mejor, no puede esperar que el cliente lo crea. Hay que amar lo que hacemos si queremos que la gente también lo haga. Y lo mismo se puede aplicar a los clientes.

 

 

Inteligencia emocional: en lugar de que las agencias y los clientes se centren en lo que cada uno hace, tienen que poner dedicación en la relación. Esto exige ser abiertos y auténticos para hacer que se trabaje más como un equipo y con todos aportando a la visión general. Al mismo tiempo, hay que trabajar para gestionar el estado emocional de cliente y agencia, entendiendo rápidamente cuándo uno de los dos está molesto o incómodo y buscando una solución, no dejándolo apartado.

 

 

Profundizar: hay técnicas que pueden ayudar a influir sobre los compañeros apelando a sus creencias y valores en un nivel del inconsciente más profundo, en lugar de quedarse en la superficie consciente en la que se suele operar.

 

 

Expectativas de gestión: hay que ser honesto. La agencia no puede hacer promesas por encima de sus posibilidades para después entregar un trabajo por debajo de lo que se espera. A veces puede dar miedo decir que no a un cliente, especialmente en un sector en el que el cliente siempre es el rey. Pero se puede decir que sí siempre que se busquen recursos y elementos que ayuden a hacer mejor el trabajo. Al mismo tiempo, los clientes deben esforzarse en dejar de hacer peticiones irreales a no ser que sea absolutamente necesario.

 

 

 

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 Cuando los clientes y las agencias piensan en el desarrollo del liderazgo suelen hacerlo acerca de sus propios individuos, equipos y procesos. Entienden la importancia de mantenerse líderes, atrayendo y manteniendo el talento y asegurándose de que todo funciona de forma efectiva. Pero no hay que olvidar que un área de innovación, a menudo pasada por encima, es el liderazgo, y no el servicio, en la relación cliente-agencia. Y existen algunas técnicas para fomentar y mejorar esta relación para que ambas partes se entiendan y puedan crear una estrategia de trabajo más profunda y fructífera.

 

 

 

Auto-análisis: algunos empleados son mejores trabajando en grupo que otros, por lo que vale la pena dedicar tiempo a entender como equipo qué está funcionando y qué no. Es útil para ello utilizar herramientas como SDI, que permite hacer un mapa de las formas en que los individuos de las agencias y los clientes pueden trabajar mejor en conjunto, centrándose en las fortalezas, las debilidades y, por último, evitando los malentendidos que pueden generar un conflicto.

Creer en uno mismo: si el director de una agencia no cree que su empresa es capaz de ofrecer lo mejor, no puede esperar que el cliente lo crea. Hay que amar lo que hacemos si queremos que la gente también lo haga. Y lo mismo se puede aplicar a los clientes.

 

 

Inteligencia emocional: en lugar de que las agencias y los clientes se centren en lo que cada uno hace, tienen que poner dedicación en la relación. Esto exige ser abiertos y auténticos para hacer que se trabaje más como un equipo y con todos aportando a la visión general. Al mismo tiempo, hay que trabajar para gestionar el estado emocional de cliente y agencia, entendiendo rápidamente cuándo uno de los dos está molesto o incómodo y buscando una solución, no dejándolo apartado.

 

 

Profundizar: hay técnicas que pueden ayudar a influir sobre los compañeros apelando a sus creencias y valores en un nivel del inconsciente más profundo, en lugar de quedarse en la superficie consciente en la que se suele operar.

 

 

Expectativas de gestión: hay que ser honesto. La agencia no puede hacer promesas por encima de sus posibilidades para después entregar un trabajo por debajo de lo que se espera. A veces puede dar miedo decir que no a un cliente, especialmente en un sector en el que el cliente siempre es el rey. Pero se puede decir que sí siempre que se busquen recursos y elementos que ayuden a hacer mejor el trabajo. Al mismo tiempo, los clientes deben esforzarse en dejar de hacer peticiones irreales a no ser que sea absolutamente necesario.

 

 

 

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 Cuando los clientes y las agencias piensan en el desarrollo del liderazgo suelen hacerlo acerca de sus propios individuos, equipos y procesos. Entienden la importancia de mantenerse líderes, atrayendo y manteniendo el talento y asegurándose de que todo funciona de forma efectiva. Pero no hay que olvidar que un área de innovación, a menudo pasada por encima, es el liderazgo, y no el servicio, en la relación cliente-agencia. Y existen algunas técnicas para fomentar y mejorar esta relación para que ambas partes se entiendan y puedan crear una estrategia de trabajo más profunda y fructífera.

 

 

 

Auto-análisis: algunos empleados son mejores trabajando en grupo que otros, por lo que vale la pena dedicar tiempo a entender como equipo qué está funcionando y qué no. Es útil para ello utilizar herramientas como SDI, que permite hacer un mapa de las formas en que los individuos de las agencias y los clientes pueden trabajar mejor en conjunto, centrándose en las fortalezas, las debilidades y, por último, evitando los malentendidos que pueden generar un conflicto.

Creer en uno mismo: si el director de una agencia no cree que su empresa es capaz de ofrecer lo mejor, no puede esperar que el cliente lo crea. Hay que amar lo que hacemos si queremos que la gente también lo haga. Y lo mismo se puede aplicar a los clientes.

 

 

Inteligencia emocional: en lugar de que las agencias y los clientes se centren en lo que cada uno hace, tienen que poner dedicación en la relación. Esto exige ser abiertos y auténticos para hacer que se trabaje más como un equipo y con todos aportando a la visión general. Al mismo tiempo, hay que trabajar para gestionar el estado emocional de cliente y agencia, entendiendo rápidamente cuándo uno de los dos está molesto o incómodo y buscando una solución, no dejándolo apartado.

 

 

Profundizar: hay técnicas que pueden ayudar a influir sobre los compañeros apelando a sus creencias y valores en un nivel del inconsciente más profundo, en lugar de quedarse en la superficie consciente en la que se suele operar.

 

 

Expectativas de gestión: hay que ser honesto. La agencia no puede hacer promesas por encima de sus posibilidades para después entregar un trabajo por debajo de lo que se espera. A veces puede dar miedo decir que no a un cliente, especialmente en un sector en el que el cliente siempre es el rey. Pero se puede decir que sí siempre que se busquen recursos y elementos que ayuden a hacer mejor el trabajo. Al mismo tiempo, los clientes deben esforzarse en dejar de hacer peticiones irreales a no ser que sea absolutamente necesario.

 

 

 

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 Cuando los clientes y las agencias piensan en el desarrollo del liderazgo suelen hacerlo acerca de sus propios individuos, equipos y procesos. Entienden la importancia de mantenerse líderes, atrayendo y manteniendo el talento y asegurándose de que todo funciona de forma efectiva. Pero no hay que olvidar que un área de innovación, a menudo pasada por encima, es el liderazgo, y no el servicio, en la relación cliente-agencia. Y existen algunas técnicas para fomentar y mejorar esta relación para que ambas partes se entiendan y puedan crear una estrategia de trabajo más profunda y fructífera.

 

 

 

Auto-análisis: algunos empleados son mejores trabajando en grupo que otros, por lo que vale la pena dedicar tiempo a entender como equipo qué está funcionando y qué no. Es útil para ello utilizar herramientas como SDI, que permite hacer un mapa de las formas en que los individuos de las agencias y los clientes pueden trabajar mejor en conjunto, centrándose en las fortalezas, las debilidades y, por último, evitando los malentendidos que pueden generar un conflicto.

Creer en uno mismo: si el director de una agencia no cree que su empresa es capaz de ofrecer lo mejor, no puede esperar que el cliente lo crea. Hay que amar lo que hacemos si queremos que la gente también lo haga. Y lo mismo se puede aplicar a los clientes.

 

 

Inteligencia emocional: en lugar de que las agencias y los clientes se centren en lo que cada uno hace, tienen que poner dedicación en la relación. Esto exige ser abiertos y auténticos para hacer que se trabaje más como un equipo y con todos aportando a la visión general. Al mismo tiempo, hay que trabajar para gestionar el estado emocional de cliente y agencia, entendiendo rápidamente cuándo uno de los dos está molesto o incómodo y buscando una solución, no dejándolo apartado.

 

 

Profundizar: hay técnicas que pueden ayudar a influir sobre los compañeros apelando a sus creencias y valores en un nivel del inconsciente más profundo, en lugar de quedarse en la superficie consciente en la que se suele operar.

 

 

Expectativas de gestión: hay que ser honesto. La agencia no puede hacer promesas por encima de sus posibilidades para después entregar un trabajo por debajo de lo que se espera. A veces puede dar miedo decir que no a un cliente, especialmente en un sector en el que el cliente siempre es el rey. Pero se puede decir que sí siempre que se busquen recursos y elementos que ayuden a hacer mejor el trabajo. Al mismo tiempo, los clientes deben esforzarse en dejar de hacer peticiones irreales a no ser que sea absolutamente necesario.

 

 

 

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 Cuando los clientes y las agencias piensan en el desarrollo del liderazgo suelen hacerlo acerca de sus propios individuos, equipos y procesos. Entienden la importancia de mantenerse líderes, atrayendo y manteniendo el talento y asegurándose de que todo funciona de forma efectiva. Pero no hay que olvidar que un área de innovación, a menudo pasada por encima, es el liderazgo, y no el servicio, en la relación cliente-agencia. Y existen algunas técnicas para fomentar y mejorar esta relación para que ambas partes se entiendan y puedan crear una estrategia de trabajo más profunda y fructífera.

 

 

 

Auto-análisis: algunos empleados son mejores trabajando en grupo que otros, por lo que vale la pena dedicar tiempo a entender como equipo qué está funcionando y qué no. Es útil para ello utilizar herramientas como SDI, que permite hacer un mapa de las formas en que los individuos de las agencias y los clientes pueden trabajar mejor en conjunto, centrándose en las fortalezas, las debilidades y, por último, evitando los malentendidos que pueden generar un conflicto.

Creer en uno mismo: si el director de una agencia no cree que su empresa es capaz de ofrecer lo mejor, no puede esperar que el cliente lo crea. Hay que amar lo que hacemos si queremos que la gente también lo haga. Y lo mismo se puede aplicar a los clientes.

 

 

Inteligencia emocional: en lugar de que las agencias y los clientes se centren en lo que cada uno hace, tienen que poner dedicación en la relación. Esto exige ser abiertos y auténticos para hacer que se trabaje más como un equipo y con todos aportando a la visión general. Al mismo tiempo, hay que trabajar para gestionar el estado emocional de cliente y agencia, entendiendo rápidamente cuándo uno de los dos está molesto o incómodo y buscando una solución, no dejándolo apartado.

 

 

Profundizar: hay técnicas que pueden ayudar a influir sobre los compañeros apelando a sus creencias y valores en un nivel del inconsciente más profundo, en lugar de quedarse en la superficie consciente en la que se suele operar.

 

 

Expectativas de gestión: hay que ser honesto. La agencia no puede hacer promesas por encima de sus posibilidades para después entregar un trabajo por debajo de lo que se espera. A veces puede dar miedo decir que no a un cliente, especialmente en un sector en el que el cliente siempre es el rey. Pero se puede decir que sí siempre que se busquen recursos y elementos que ayuden a hacer mejor el trabajo. Al mismo tiempo, los clientes deben esforzarse en dejar de hacer peticiones irreales a no ser que sea absolutamente necesario.

 

 

 

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